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— blog · 23-10-2026

Hoja de papel con trazos de colores y lápices de colores repartidos sobre una mesa de madera

IA y criterio: de los niños a las empresas

Qué dice el podcast de Avanzadi sobre la IA, los niños y la creatividad, y por qué el criterio importa igual en las empresas.

Mesa de reuniones vacía en una oficina luminosa con un cuaderno abierto, un bolígrafo y una taza
Qué dice el podcast de Avanzadi sobre la IA, los niños y la creatividad, y por qué el criterio importa igual en las empresas.
Robot asistente blanco con ojos azules sentado en un escritorio sosteniendo una lista de tareas

Los niños de ahora son la primera generación que crece rodeada de inteligencia artificial. En este artículo repasamos lo que se dice sobre ello en el primer episodio del podcast de Avanzadi y qué tiene que ver con cómo usan la IA las empresas.

La conversación empieza con una pregunta sobre infancia y creatividad y termina en una idea que sirve igual para una familia que para una empresa: la IA no es buena ni mala, y lo que cambia el resultado es el criterio de quien la usa.

Una generación rodeada de IA

La comparación es sencilla. Antes preocupaban las horas de televisión o de móvil. Con la IA el asunto es distinto, porque está integrada en casi todo el entorno digital. Ahora muchos niños la usan para una o dos consultas, pero lo previsible es que se incorpore a su día a día, como al de los adultos.

En el episodio se distinguen tres capas. La primera es invisible: decide o filtra qué contenidos ve el niño. La segunda es de productividad, la que resuelve un test completo en segundos. La tercera es conversacional, y preocupa que un niño no entienda que al otro lado no hay una persona.

Hay además una diferencia clave con las búsquedas de siempre. Google ofrecía fuentes y la IA ofrece una solución definitiva, expresada sin dudas. Un niño pequeño todavía no ha desarrollado criterio para saber qué puede ser verdad o mentira, así que para él todo lo que percibe es real.

Creatividad y esfuerzo: qué se entrena y qué no

La pregunta que da título al episodio es si la IA frena la creatividad. La respuesta está en cómo funcionan estos modelos. El cerebro tiende a economizar y a repetir patrones que ya conoce, y un modelo hace algo parecido: ofrece lo que ya ha funcionado. Si muchas personas piden el mismo diseño o el mismo texto, los resultados acaban pareciéndose.

El problema aparece cuando el niño nunca se enfrenta a crear algo desde cero, a redactar o a equivocarse. Esa capacidad no se entrena, y no es razonable esperar que aparezca sola más adelante.

A este fenómeno se le llama aprendizaje superficial: el que se orienta al resultado y no al proceso. Con IA conseguir el resultado es muy fácil, pero eso no equivale a haber aprendido. Quien obtiene la nota sin cualificarse llega al trabajo sin base e intenta tapar los huecos con IA, algo que suele notarse pronto. Hay otra consecuencia: menos resistencia a la frustración, porque se acostumbran a resultados fáciles con poco esfuerzo.

Tutela, educación y tres consejos para las familias

Nada de lo anterior lleva a prohibir. La responsabilidad no se cede a plataformas ni a gobiernos, que no suelen reaccionar con rapidez, y recae en los adultos del entorno del niño: padres, profesores y familia. Con tutela, la IA puede ayudar. Un ejemplo del episodio es el de una sobrina con dificultades en matemáticas, a la que una IA le explicó un ejercicio las veces necesarias hasta que lo entendió. Funciona así, con un adulto presente.

El episodio deja tres consejos para las familias:

  1. Aprende tú primero. Aprende a usar la IA antes que tu hijo y enséñale, para que no la descubra solo.
  2. Acompaña el proceso. En lugar de preguntar por la nota, pregunta qué ha aprendido, qué le ha costado y qué le ha parecido interesante.
  3. Habla con él de forma crítica. Pregúntale cómo la usa, dale consejos y mantente informado.

En los primeros años de vida no tiene mucho sentido usarla, y conviene buscar también espacios libres de tecnología donde el niño desarrolle su creatividad.

Lo mismo pasa en las empresas

Durante el episodio se repite una idea: lo que vale para un niño vale también para un adulto. Los profesionales también confían a veces ciegamente en lo que responde la IA, y una empresa es, en el fondo, un conjunto de adultos que la usan cada día.

Hay una distinción útil entre tareas. El trabajo repetitivo que no aporta valor es justo el que las empresas quieren automatizar, y tiene sentido. Lo que no conviene delegar es el aprendizaje ni el criterio.

El criterio convierte un 6 en un 9

Una persona sin conocimientos de diseño puede generar hoy con IA una web que sacaría un 6 sobre 10. Llevar ese 6 a un 9 exige conocimiento propio, y esto vale para cualquier área. La IA ofrece la respuesta con más probabilidad de acierto, no una certeza, así que conviene tratarla como una fuente sin verificar.

Decidir qué novedades merecen el tiempo de tu equipo también es una cuestión de criterio. Lo desarrollamos en nuestro artículo sobre qué novedades de IA merecen tu tiempo.

Mira el proceso y no solo el entregable

El consejo de no quedarse en la nota tiene su equivalente en la empresa: no quedarse en el entregable. Un informe bien presentado no demuestra que quien lo firma lo entienda. En Avanzadi lo hemos visto en las entrevistas técnicas: candidatos con muy buenas notas y poca base real.

Pedir a cada persona que explique cómo ha llegado a un resultado, y no solo que lo entregue, es la forma más sencilla de comprobar si hay criterio detrás.

Quien dirige aprende primero

El primer consejo para padres, aprender antes que el hijo, se traduce en que quien dirige un equipo debería saber cómo usa la IA su gente. Sin esa tutela, cada persona decide por su cuenta qué datos comparte y qué respuestas da por buenas. La propia IA recomienda no enviar datos confidenciales, y aun así es fácil hacerlo una vez, y otra, hasta que llega la consecuencia.

Una supervisión periódica con una persona responsable ayuda a evitarlo, como explicamos al hablar de por qué la IA no viene controlada de fábrica.

Tres pasos para empezar esta semana

  1. Prueba tú la herramienta que usa tu equipo y fíjate en cómo responde cuando dudas.
  2. En la próxima entrega importante, pide que expliquen cómo han llegado al resultado.
  3. Decide quién revisa el uso de la IA y cada cuánto.

Una herramienta que responde en segundos no decide por ti qué es una buena respuesta. Eso lo decide el criterio, y se entrena igual en una casa que en una oficina: con preguntas, con proceso y con alguien que acompaña.

En Avanzadi ayudamos a las empresas a adoptar tecnología con criterio. Usar la IA es fácil, y saber qué hacer con ella es lo que marca la diferencia.

La conversación completa, con más ejemplos de los que caben aquí, está en el primer episodio del podcast de Avanzadi.

¿Dónde acaba la creatividad de los niños?

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